Estefanía, Cervantes y señoros alemanes

Bienvenidos de nuevo a una entrega de mis sandeces. De primero, tendremos una burda relación entre un fenómeno contemporáneo y un escrito del pasado; de segundo, procederemos a degustar una lega disertación sobre un concepto que es tangencial a aquello descrito con anterioridad. No habrá postre. 

Empecemos con lo más alejado a la intelectualidad que se nos ocurra… exactamente, Telecinco, en concreto el montón de heces humeantes que llaman la Isla de las Tentaciones (reality consistente en separar a parejas y matrimonios de doctores en literatura clásica para que sean tentados por Anaximandro e Hiparquía, en función de la orientación sexual de cada uno, con el fin de ver si su fidelidad resiste y para regocijo del espectador). 

Aguante, no deje que la densidad de la ironía le enturbie el juicio y le lleve a cerrar el navegador antes de tiempo, que ya llega la burda relación. 

Como el lector bien sabrá, hacia el final del Quijote (Capítulos XXXIII a XXXV), Cervantes (o Cide Hamete de Benengeli) introduce una nouvelle semejante a las contenidas en las Novelas Ejemplares mas sin carácter ejemplarizante: la Novela del Curioso Impertinente. En ella, Anselmo y Camila se acaban de casar, y con el propósito de probar la fidelidad de su esposa, Anselmo le solicita a su amigo Lotario que intente enamorarla. Ellos se enamoran y Anselmo muere de pesar dejando escritas sus últimas palabras:

«Un necio e impertinente deseo me quitó la vida. Si las nuevas de mi muerte llegaren a los oídos de Camila, sepa que yo la perdono, porque no estaba ella obligada a hacer milagros, ni yo tenía la necesidad de querer que ella los hiciese; y pues yo fui el fabricador de mi deshonra, no hay para qué…»

Digamos que este es el antecedente clásico del actual «¡ESTEFANÍAAAAA!». 

Dejaré al lector que escoja su manera preferida de expresar la desdicha del amado despechado cuyas acciones son las que le han llevado a ser un cuckold en tanto que su servidor los considera conceptos esencialmente controvertidos.

Acabado el primer plato, toca hablar de concepciones filosóficas del amor, ¿y qué mejor para ello que un montón de señoros alemanes del siglo XVIII?

Empecemos por Hemsterhius, filósofo neoplatónico que entiende que el deseo absoluto del «alma» (utilizando la terminología del autor) es la más íntima y perfecta unión con la esencia del objeto de deseo, destruyendo así cualquier noción de individualidad. Herder encontró problemático que se deshiciera del individuo y de su libertad, dejándolo subordinado al Uno que se crea en la unión. Él considera que el amor se inicia en el individuo y que al desaparecer éste en la unión, desaparece así el objeto de deseo, por lo que en el amor debía preservarse y respetarse al individuo como fin en sí mismo, que diría Kant. Dicha concepción le llevó a afirmar que la forma más pura de amor era la amistad, idéntica conclusión a la que llegaron Epicuro y Aristóteles.

Entre medias está Schiller que rescata el neoplatonismo y considera que el amor es magnánimo ya que da sin recibir nada, pero también egoísta puesto que lo único que busca y aprecia en el otro es el reconocimiento de uno mismo. Y también están Kant, cuya concepción del amor viene dada por la inaccesibilidad que le atribuye al noúmeno, pero que no me atrevo a desarrollar con más profundidad. Por el camino abandono también a Fichte y a Hölderling pero espero rescatarlos en futuras ocasiones.

Para entender el amor en Hegel hay que partir de su epistemología. Hegel concibe  la realidad como condicionada en la existencia de otro objeto que lo reconozca en su calidad de objeto, y más importante, considera que lo mismo sucede con el sujeto (o autoconciencia). La realidad es dinámica. Ni existe en sí misma y es inaccesible para el otro como propone Kant; ni existe únicamente en el sujeto como propone Fichte; mas existe en esta dinámica de reconocimiento, reconciliando así ambas posturas. La individualidad y el todo. Parménides y Heráclito. 

Hegel creía que todas las discusiones en la filosofía, desde tiempos clásicos, se podían reducir en la tensión entre posturas centradas en el individuo y otras en el todo, y como filósofo absoluto pretende superarlas.

Amar es entonces el encuentro del yo en el otro, formando una unidad, unidad que necesita un yo individual para poder existir, por ello afirma que:

«In love one has found oneself again in another. Since love is a unification of life, it presupposes division…a developed many-sidedness of life. The more variegated the manifold in which life is alive, the more places in which it can be reunified; the more the places in which it can sense itself, the deeper does love become. »1

En la literatura, el mejor ejemplo lo encontramos de la pluma de Shakespeare, cuando Julieta exclama a Romeo, que se encuentra bajo su balcón: 

«the more I give to thee, the more I have.»2

Díganme que esto no es precioso. Esta idea abarca desde la pasión amorosa de los jóvenes hasta la estampa de dos ancianos paseando por el parque y dándose la mano. A fin de cuentas, es lo mismo, reconocerse en la mirada del otro.

Cerraré el chiringuito con un apéndice. 

Hablemos de concepciones contemporáneas del amor, en concreto del poliamor. Considero que está mal ya que no se deben mezclar el latín y el griego. Tratemos de arreglarlo un poco. Para ello consideremos cuál de las palabras griegas se adecúa más: eros, agape o philia.

Eros se utilizaba para referirse a la atracción sexual, al deseo y la pasión, amor egocéntrico, egoísta y reactivo a las condiciones del objeto de deseo (e.g. su belleza) por lo que Platón lo considera racional o dependiente de la razón.

Agape es el amor incondicionado, el que cristianismo considera que tiene dios hacia los hombres, amor independiente de las características del objeto, irracional.

Philia es el amor afectuoso, el que se siente hacia la la familia, los amigos o incluso la nación.

Creo que el que le queda mejor es Polieros.

Y esto es lo que se ve en la Isla de las Tentaciones, eros, un concepto muy alejado de lo que su humilde paniaguado llamaría amor.

Hala, vayan saliendo.

 

 

1  Fragmento extraído de G.W.F Hegel: Theologian Of The Spirit y que no he encontrado traducido al español por lo que haré un intento de traducción: «En el amor, uno se encuentra de nuevo a sí mismo en el otro. Como el amor es unificación de la vida, presupone división, un desarrollo de la vida, un desarrollo de la vida con muchas caras. Contra más variada la multiplicidad en la que la vida vive, en más lugares podrá volver a unirse; en más lugares podrá sentirse a sí misma, más profundo el amor deviene»

2  Traducción de Luis Astrana Marin: «Cuanto más te entrego, tanto más me queda»