Del cincel al espíritu, un comentario estético sobre la Virgen de la escalera y la batalla de los centauros de Miguel Ángel

Se tratará aquí de mostrar una comparación entre dos relieves de juventud de Miguel Ángel, “La Virgen de la escalera” y “la batalla de los centauros”, mediante un método aproximativo heredado de la tradición neoplatónica rusa a la cual perteneció el filósofo Pavel Florenski. Este propone la capacidad de los medios artísticos de, a través de la realización de obras de arte particulares, concretizar contenidos universales para los espíritus que emprenden dichos actos artísticos. Así, una pequeña particularidad del mundo como sería un cuadro, podría hacer de espejo por el cual se reflejarían las verdades mayores de aquel hombre o colectivo de pintores, que se quedaron contenidas, criptográficamente, en esa misteriosa y extraña pieza, desde el primer momento en que sus autores se abocaron a ella.
El escritor ruso muestra en su obra “El iconostasio” varios ejemplos muy clarificadores. Así, cada una de las decisiones formales pasa de tener un sentido arbitrario, a enlazarse en el sentido propio y universal de aquel creador. El uso del viscoso óleo, que refleja la naturaleza sensual renacentista, sobre una superficie elástica y flexible, ejemplificadora de una manera relativista de ver el mundo. La estampa ilustrada, repetitiva y precisa, que trasluce un pensamiento racionalizante, y mecanizado, que se esboza en un simple papel, hecho que muestra la etérea condición sobre la que dichas navegaciones de la razón se mueven. Y el icono ruso, que en su repetición dogmática trata de mantener vivo el espíritu del pasado, y que se forja sobre la firmeza de la madera o el hierro, materiales que muestran la robustez de la Rusia Orotodoxa. Estos son los tres ejemplos puestos en la mesa por el místico ruso, pero se pueden encontrar muchos otros: la inconsistencia de ningún estilo formal durante las vanguardias, que muestra la confusión e individualismos radicales de esa época. Incluso en la nueva generación, donde parece que se quieren escindir razón y arte, y darle primacía a un pseudo-automatismo inconsciente como motor artístico, incluso bajo estas doctrinas que tratan de desimbolizar el arte, se puede ver la presencia de un espíritu inconsistente y agonizante, que trata de agarrarse como puede a formas abstractas, pero que por su condición se pierde a cada intento; visible a través de la luz que refleja el estílo que de una manera natural cada artista escoge. Rápidamente vemos como la obra de arte es ante todo sincera a la hora de desnudar a sus padres. De esta misma manera, estudiaremos más profundamente el caso de los dos relieves de Miguel Ángel, que a través del simple recurso de alto y bajo relieve consigue representar de manera certera los dos ejes espirituales de su tiempo, y en gran parte del nuestro: el horizonte cristiano, y las raíces greco-romanas.
Para poder llevar a cabo tal desglosamiento de las formas, consideramos necesario sintetizar brevemente los rasgos característicos de cada uno de los espíritus. Se es consciente aquí que el sintetizar suele suponer reducir la profundidad de aquello que se sintetiza, por eso no vamos a negar el posible carácter aproximativo del bisturí que nos permitirá exponer y desarrollar dicha comparación.
El espíritu cristiano fluye a través del apego a la divinidad. Llama al religamiento del hombre con respecto de su padre y pasado, esto es de Dios. A través de esta unión originaria, se da en el hombre la conciliación entre causa y efecto, entre raíz y flor. La unión de hombre y divinidad se ve apelada desde lo más profundo del ser propio, la dimensión total y moral. El espíritu cristiano en si solo se concibe en un mundo injusto, pues el espíritu se haya en la condición de la redención. Conoce y quiere el bien que está más allá de el, pero también conoce su mal y ve el mal más allá de el. Esto permite la condición de repliegue del espíritu cristiano respecto a gran parte de lo que ofrecen el resto de espíritus y seres que mueven al sujeto espiritual cristiano. Dimensión total en el momento en que se ve la crueldad e injusticia radical de todo aquello para lo cual uno es indiferente, por ejemplo las leyes de la naturaleza, la impotencia, el resentimiento, etc. Dimensión total porque ante aquello mucho mayor a uno, ante un Otro absoluto, uno se puede ver en su mísera totalidad. Esta conciencia de la mísera totalidad del Uno en conflicto con el radical deseo moral cristiano, generan el sentimiento de impotencia ante el querer expandir la ley del corazón propio, del Idiota dostoievskiano. Todo esto, entre muchas otras causas relacionadas con el sufrimiento, son lo que llevan al sujeto espiritual a decidir ser cristiano, a decidir participar de algo ya existente, en contraposición al querer ser el mismo una totalidad, que es lo que después se expondrá respecto al espíritu griego, pues en el colectivo uno se realiza como algo más grande a la mísera y propia existencia.
En esta participación, el sujeto se ve totalizado por el espíritu cristiano, de manera que este sujeto ya no puede concebirse idealmente como individuo, sino como conjunto. Por eso el objeto de deseo cristiano es la conciliación entre hombre y Dios. Si el hombre se concilia y acepta el poder de Dios a través de la fe, el se ve recompensado mediante la protección y unión con El. Así, se puede comprender como a partir del sentimiento de impotencia ontológica respecto a las expectativas morales, y debido a la tormenta de la ciclotimia de los espíritus sobre el sujeto espiritual, el hombre decide participar de Dios, apegándose a El. Así, se protege, y de alguna manera consigue satisfacer, e incluso lograr ver realizadas, sus expectativas de bondad y amor sobre el marco de la realidad existencial, generalmente caracterizado por la crueldad y la indiferencia entre los espíritus particulares.
De esta manera, si consideramos el bloque de mármol (tanto lo manipulado, como lo no artificiado) en su dimensión ontológica paternal, y el relieve en su dimensión ontológica filial, podemos ver cómo el relieve que representa al hombre se une y concilia con el conjunto paternResultat d'imatges de la virgen de la escalera miguel anelal del mármol que representa a Dios. Así, el bajo relieve, en su condición de proximidad radical al conjunto del mármol, refleja el espíritu cristiano. Al igual que el relieve de la Virgen está apegado al bloque de mármol, Cristo hijo está apegado de la misma manera a su madre en el relieve. Siendo su madre totalidad para Cristo, y siendo el bloque de mármol totalidad para la virgen relievada.

Opuestamente está el relieve de la batalla de los centauros, que refleja a la perfección la naturaleza del espíritu griego.
Mediante la ejecución del análisis del espíritu griego se verán muchas alusiones al espíritu cristiano, pues no hay que olvidar la gran dependencia del segundo por parte del primero. Ya que el espíritu cristiano parte en buena medida del griego, y se supone a si mismo como una solución al problema de la raíz del espíritu griego (aunque no se debe olvidar la fuerte presencia hebrea en la cristiandad, que parece que los discípulos bastardos de Nietzsche parecen negarse, aún cuando su maldito maestro les insiste que en ello está el centro del cristianismo). El problema raíz del espíritu griego antiguo veremos que es el sentimiento o la condición de Hybris, con su respectivo anti-Hybris. La palabra hybris expresa desde el griego el desequilibrio y el exceso en todas las cosas humanas (en el amor, en la política, en la suerte, etc.). Pero concretamente se refiere a la condición de rebeldía del hombre contra las divinidades, el intento de igualación a estas. La mitología griega nos ofrece muchas casos de este fenómeno, como por ejemplo: Edipo, Creonte, Aracne, Prometeo, Egisto. El sentimiento de hybris, debe comprenderse en el marco existencial del hombre griego, que acoge un conjunto de respuestas a un tipo de creencia ontológica. Por eso para comprender acertadamente el hybris debemos exponer brevemente cuál es el marco ontológico de la Grecia antigua.
Cronos le arrebató a su padre, Urano, el dominio sobre el mundo, y entonces el cosmos cambió. Cronos, asimismo se hizo Urano, y actuó como su padre con el. Zeus, nuevo Cronos, le arrebató el poder a su padre, viejo Cronos, y volvió a cambiar el mundo. Antes hablábamos del hybris en su condición de rebeldía del hombre contra los dioses. Pero este relato mítico nos muestra que el fondo ontológico del pensamiento griego antiguo es la condición de rebeldía del poder hijo al poder padre, siendo el poder padre causa, el poder hijo efecto, efecto que trata de deshacerse de su causa al hacerse el mismo esta. Todo muestra una clara orientación a la tendencia natural hacia la libertad expansiva de los poderes. No debemos entender aquí por libertad esa piedra filosofal presentada aún hoy tantísimas veces, sino la libertad en su sentido negativo. En su tendencia a la negación de aquello que lo precede, en un vano intento por precederse a si mismo, es la hipertrofiada libertad del hombre del subsuelo. El mismo relato mítico propuesto anteriormente muestra el fracaso de esta libertad expansiva del ser que desde la tesis cruza a la antítesis sin mediarse de la síntesis. El fruto de este proceso es que en el intento de liberación del hijo hacia al padre, como debe luchar contra el, acaba doblándose con el. Para saber que definitivamente es libre, que definitivamente se ha emancipado de su padre, debe ser él mismo padre, debe poseer él esa diferencia, que de pequeño le alumbraba. Pero como ciegamente desea ser padre, ciegamente crea a su propio hijo, que ciegamente también se someterá a luchar como Zeus contra Cronos, pues Cronos, imitando a Urano, que también trató de deshacerse de sus hijos, incitando así a sus hijos a deshacerse de su padre.
Todos comenten los mismos errores, ya que todos se imitan entre ellos, en el proceso de arrebatarse el poder el uno al otro. Todo esto ha servido para poder explicar brevemente la condición ontológica dominante en la antigua Grecia, y que expresa lo que es una ontología del poder. En este marco el hombre participa del mismo poder que el divino, en tanto que también es creador y también es capaz de liberarse de sus causas y padres. Pero en comparación con los dioses su poder es mucho menor. Ante esto, la tradición mítica y ritual advierte a los hombre de no seguir el camino de los dioses, lo que en Japón llaman el camino de Asura1. Porque la puerta está abierta, pues al ser una ontología del poder, y al participar también el hombre del poder, en tanto que el mismo es poder, el hombre puede aventurarse a luchar contra los dioses, pero la tradición advierte que es un camino siempre a evitar. Aquí surgen las figuras del Hybris y el Anti-Hybris. Como acabamos de ver, desde la tradición griega el contacto entre hombre y dios, pese a que pueda ser muy beneficioso a priori (Edipo se hace rey tras matar a la Esfinge), siempre tiene un marcado carácter violento, de adentrarse en una tormenta de poderes, donde uno suele salir malparado. El hybris es justamente aquel inconsciente (o consciente en algunos casos) que se ve motivado por el éxito de su poder expansivo y que progresivamente va ascendiendo en la lucha contra generales hasta el punto de ser totalmente derrotado y humillado, llevando la violencia al rededor suyo y creando grandes tragedias. Ante esta figura se crea el Anti-Hybris, que representa Yocasta o Antígona. Son personas que para evitar el crecimiento de un hybris, luchan contra el, por lo cual también padecen las repercusiones del hybris. En cierto modo, el espíritu cívico y ciudadano de algunas polis griegas, e incluso el pensamiento republicano francés y europeo de a partir de los años 50, con Alain por ejemplo, se acercan al sentimiento de anti-hybris. No es de extrañar que sea característico del anti-hybris el rechazo a las tiranías, debido a que el hybris crece en los alrededores del poder.
Estos dos caminos humanos que se abren ante la condición de una ontología del poder abogan por el distanciamiento con respecto a la divinidad/es. Por una parte el Anti-Hybris se somete al poder para alejarlo de el en sus consecuencias negativas, a través de un sacrificio de si mismo o de otro; por otra parte el Hybris lucha contra él, para alejarlo definitivamente de él. Ambos caminos que reflejan una tendencia natural hacia la emancipación de los poderes hijos de los poderes padres, hacia la libertad entendida como negación de uno mismo a través de la negación de las propias causas.
El alto relieve es sin duda la mejor manera que pudo encontrar Miguel Ángel para reflejar dicha condición existencial. Pues si volvemos a considerar al conjunto del bloque de mármol en su condición ontológica paternal, de Cronos, y a lo relievado, en la condición de hijo del padre, tan solo podemos apreciar el intento de los hijos por volverse exentos, por desvincularse y alejarse de este, convirtiéndose así en sus propios bloques de mármol padre ontológico, en Zeus. La condición de emancipación se refleja en esta huida de aquello relievado sobre aquello que permite que se relieve, esto es su condición natural ontológica. Así, matando cada uno de sus hijos a su padre, se condicionan a reiterar eternamente la condición de emancipación del hijo del padre (siendo el padre causa y el hijo efecto), puesto que si el hijo quiere ser padre, debe tener a su propio hijo, que imitará por la ceguera el camino que tomó su padre como hijo. Y así, cada uno de los personajes del relieve huye de su condición queriendo ser el conjunto del bloque de mármol.

Resultat d'imatges de los centauros miguel angel

Brillantemente vemos aquí a Miguel Ángel desglosar a través de la simple diferencia del volumen de los relieves, hasta las más grandes particularidades tanto del espíritu cristiano como del griego, siendo el último un espíritu encadenado a su eterna negación, y siendo el primero una apología de la conciliación entre hombre y dios, de la unión en vez de la separación. Y vemos también la eficacia de un método que a partir de la menor mota de polvo, es capaz de comprender hasta la más gran realidad escondida tras ella.